En Villa Hidalgo temen a traidores más que a muertos


El municipio cuenta hoy en día con mil 638 habitantes y es testigo mudo de la presencia de grandes personalidades, cuyos nombres quedaron impresos en la historia de México


SANDRA JASSO | 30/10/2017

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Arribar al municipio de Villa Hidalgo, Coahuila, es llegar a la calma, más aun cuando se visita el panteón donde reposan los restos de algunos de los primeros habitantes, incluso antes de la fundación, que data de 1864, como están grabadas para la perpetuidad en algunas lápidas.

La población era conocida antiguamente como Congregación del Pan.

Por decreto del H. Congreso del Estado en 1886 fue erigida como Villa Hidalgo, en memoria de Miguel Hidalgo y Costilla, considerado el Padre de la Patria.

El municipio que cuenta hoy en día con mil 638 habitantes, fue testigo mudo de la presencia de grandes personalidades, cuyos nombres quedaron en la historia de México, como el encuentro de don Venustiano Carranza y el General Bernardo Reyes en 1892. El motivo fundamental era arreglar el conflicto que había iniciado el Varón de Cuatro Ciénagas para derrocar al gobernador de Coahuila, José María Garza Galán.

El panteón del lugar está ubicado en la calle Porfirio Díaz y Pérez Treviño en la colonia centro, nuestra voz al hablar hace eco en el sitio, hasta el mínimo ruido se escucha y nuestros pasos nos conducen a entrar y romper un poco la quietud del camposanto y sus muertos en el descanso eterno.

SU FUNDACIÓN

“El INEGI lo marca como el 2 de agosto de 1886 la fundación de este municipio, entonces corroboramos al recorrer el panteón que algunas lápidas tienen fechas incluso antes de esta fecha”, dijo Luis Eduardo Cortés, secretario del Ayuntamiento.

Destacan la tumba de Alfonso Valdez Sánchez, ex alcalde del municipio de 1964-1966 del partido tricolor, pero también reposan los restos del revolucionario Candelario Garza y ex alcalde, pero no de este municipio, que a pesar de no ser originario del lugar, una de sus calles lleva su nombre.

La tumba más antigua aquí es la de Francisco Ruiz de Esparza, quien nació en la Capital de la República el 23 de mayo de 1872 y murió el 18 de diciembre de 1888 en la Villa.

Otra más es la de Leandro Álvarez Castañeda, quien nació 8 diciembre de 1877 y murió el 17 octubre de 1949, recuerdo de su esposa Felicitas L. Viuda de Álvarez, quien también nació antes de la fundación de Villa Hidalgo. Algunas más que destacan por su antigüedad son la de Oscar Garza Ríos, fallecido el 25 mayo de 1862. Lo demás es sólo restos de obeliscos, sepulcros y lápidas fracturadas, pero muy antiguas que denotan tiempos pasados, como los barandales de hierro vaciado y remaches que permanecen al final del camposanto en el olvido. La estructura de hierro con terminaciones en punta o con detalles en grecas, el tiempo ha hecho mella en ellos, el óxido carcome y termina con lo que ya está olvidado.

En otras apenas visibles sus nombres o sin ellos, con cruces en semidestruidas en madera, metal, piedra, granito o mármol, son vestigios de personas que vivieron el siglo XIX.

Los trabajos de bajorrelieve en mármol para dedicar un monumento al difunto, también fueron expresiones de amor y respeto por parte de sus familiares para la perpetuidad. Tal es el caso de Alejo Pérez, quien nació en Guerrero, Coahuila, en 1826 y murió en Colombia, Nuevo León el 7 de noviembre de 1901 y ahí reposan sus restos.

DECANO DEL PUEBLO

De las fuentes vivas de antaño quedan pocas; don Alejandro Pérez Barrera es uno de ellos; afirma que nació en Progreso, Coahuila, y llegó muy nuevo al municipio de Villa Hidalgo porque el trabajo lo trajo a este lugar.

“Hubo un tiempo que me encargué de todo, era el panadero aquí, yo trabajaba, estuve de administrador en los ranchos”, dice con voz temblorosa y ronca.

De complexión delgada y fina y con 96 años de edad, don Alejandro tomaba el sol por la tarde bajo un árbol en el patio de su vivienda con dirección en Avenida Constitución y Ejército Mexicano, pasando el rato con las piernas cruzadas sin temerle al tiempo.

“El panteón lo manejaban al antojo el gobernante en turno, yo seleccionaba a cada uno para que trabajaran, y nunca eché mentiras”, manifestó.

En su tiempo ser un hombre cabal y con honor era la carta de presentación.

“Ahora los tiempos han cambiado y no le temo a los muertos, le tengo más miedo a los traidores”, aseveró.

El ex comisario con voz firme dice que a su edad todo se le olvida, pero en su recuerdo mencionó a Miguel Pérez que llegaba hasta el municipio, pero sólo a la Asociación Ganadera.

“No quiero echar mentiras, de esto que le platico pasó hace ya muchos años, tantos como yo, el panteón lo reformó el hijo del profesor Duarte, que lo ejecutaron y lo sepultaron los traidores”, reveló.

Afirma que en el panteón antes de ser reformado, fueron enterrados algunos revolucionarios, los hombres de a caballo que lucharon en esa época.

“A cada quien le di su parte, pero dentro de la legalidad, compré las tierras, otros se manejaron a pura traición, escondiéndose, recibieron su merecido, se acabaron entre ellos, nada más hacían de las suyas y se escondían, ahora están ahí en el panteón”, destacó.

Manifestó que no quiso dañarse con las traiciones ni las mentiras, mucho menos para ganar votos, porque lo que tiene se lo ganó a pulso al paso de los años. En sus tiempos mozos se casó con María Ignacia de Pérez con quien tuvo varios hijos, de los cuales algunos emigraron, pero no recuerda con exactitud cuántos fueron.

Hoy, en el invierno de su vida, la calma lo embarga y ve pasar las horas del día sin temor a su avance, satisfecho, porque supo vivir, con honestidad, sin mentiras ni traiciones como lo reiteró una y otra vez en el municipio que lo acogió cuando llegó, como él dice, muy nuevo.



VILLA HIDALGO

La lápida de granito del señor Leandro Álvarez Castañeda.

“Ahora los tiempos han cambiado y no le temo a los muertos, le tengo más miedo a los traidores”.

Alejandro Pérez Barrera

De las fuentes vivas de antaño quedan pocas; don

Alejandro Pérez Barrera es uno de ellos.

Luis Eduardo Cortés, secretario del

Ayuntamiento,

muestra detalles en las tumbas.

Existen lápidas que van desde las más rústicas hasta las que fueron construidas en mármol bajo relieve con letras góticas e imágenes religiosas. FOTOS: SANDRA JASSO/EL MAÑANAMonumento dedicado al señor Alejo Pérez que nació en Guerrero, Coahuila, en 1826 y murió en Colombia, Nuevo León, el 7 de noviembre de 1901.




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