Conserva su belleza Antiguo panteón de Guerrero, Tamaulipas


El camposanto de San Rafael de las Tortillas permanece limpio de maleza crecida, lo que denota la presencia de familiares


En la entrada principal, el nombre del poblado y estado está en forja.
SANDRA JASSO | 31/10/2017

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Con los últimos rayos de un dorado único que iluminaban el camino de terracería, llegamos a San Rafael de las Tortillas, localidad del municipio de Guerrero, Tamaulipas para admirar la belleza de sus construcciones antiguas y el panteón del sitio.

En más de dos décadas no visité el lugar, para mi sorpresa estaba más bello que nunca, sus pobladores se han preocupado por restaurar y conservar algunas de sus construcciones, rodeado de un campo que a cualquiera embelesa.

Sus antecedentes se remontan a los años cincuenta, como las de otras localidades cercanas al municipio del Antiguo Guerrero que fue desalojado de la mayoría de sus habitantes cuando se construyó la Presa Falcón y tuvieron que desplazarse a lugares cercanos.

La quietud nos transporta a la tranquilidad excesiva que no tenemos en la mancha urbana y que cualquiera anhelaría en un día de estrés y el campo santo no es la excepción.

La entrada del viejo panteón está delimitada por una cerca de alambrón que marca el tiempo en su estilo, resistiendo los estragos de épocas pasadas y que se reflejan en la humedad y en el proceso de oxidación.

La parte central del portón es más contemporánea, es un barandal de forja en color blanco, resalta en la parte superior una estrella y una cruz con el nombre: San Rafael, Tamaulipas.

LIMPIO ANTE TODO

A diferencia de otros panteones de la región, éste permanece limpio de maleza crecida, lo que denota la presencia de algunos familiares que se hacen presentes en el sitio porque no olvidan al terruño ni a quienes descansan en él.

El pequeño panteón cuenta con pocos sepulcros de quienes habitaron en épocas pasadas en el lugar y sus restos quedaron para siempre bajo el sepulcro intacto, enmohecido o algo descuidado por el tiempo.

En el suelo, algunas piedras laja denotan la zona donde alguna vez estuvo una cripta, pero el tiempo en ellas sí mermó su estado original y acabó por desaparecerlas casi en su totalidad.

La quietud sepulcral fue interrumpida por un conejo saltarín que huyó ante la presencia de extraños entre las tumbas que duermen el sueño eterno bajo tierra, pero en la superficie, la vida abunda y basta echar un vistazo en los alrededores.

Cientos de mariposillas de diversos colores que van desde el amarillo intenso, hasta las anaranjadas y marrones, revolotean sobre las frías lápidas iluminadas por el ocaso de un día de otoño, posadas por unos segundos en las añejas cruces de piedra con exquisitos detalles en hojas del laurel.

FLORES Y ÁNGELES

En otras, labradas en flores eternas que no terminan más de secarse, en piedra inerte, permanente, con ángeles esculpidos que erguidos e inseparables en la cabecera de alguna cripta en granito puro, en otras rústicas o sin detalle.

La tumba más antigua de este sitio pertenece a una mujer, en una vieja lámina que se resiste a caer del barandal de hierro vaciado con remaches antiguos manifiestan el cariño por la gran pérdida de su amada: “Infortunada esposa Sara Rendón que falleció el 2 de mayo de 1889. O a la “Amante memoria de la señorita María Rendón que murió el 28 de octubre de 1910”, en otra el indicativo del ser amado “Aquí yacen los restos de la señora Salomé Medina que tuvo su deceso el 28 de Agosto de 1901.

Otras el amor se manifiesta, como en la de Luis García Benavides, quien nació el 29 de agosto de 1880 y falleció el 16 de julio de 1958 construida en mármol sobre relieve como un recuerdo de su esposa e hijos, presentan el bello trabajo, en el mismo lugar la del señor Tomás García Fernández, fechada en 1841-1901.

María Domínguez Viuda de Rendón fechada su natalicio el 8 de abril de 1856 y su deceso tuvo lugar el 2 de enero de 1926 o la de Aurora Rendón Viuda de García nacida el 20 de enero de 1881 y acaecía el 10 de marzo de 1968.

Miguel Sanmiguel Peña que vio la luz del día por primera vez en un siglo que también iniciaba, el 18 de diciembre de 1900 y fallecido el 30 de septiembre de 1977, o la de M. de Peña que nació el 15 de septiembre de 1885 y murió el 24 de febrero de 1920.

La longevidad se hace presente en todos ellos, por las fechas que marcaron su existencia en la vida terrenal tranquila y apacible ahora plasmadas en sus lápidas en el reducido número de habitantes en San Rafael de las Tortillas.

Vivieron a finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, la transición de un país convulsionado por el nacimiento de la Revolución Mexicana y la renovación de un país lastimado después de ella.

Muchos descendientes de ellos emigraron, pero regresan al terruño, para dejar un arreglo floral en el panteón perdido de esta región querida del noreste de México.

El ocaso del día nos mueve a dejar el tranquilo lugar y a sus muertos, no sin antes volver la mirada atrás y llevarme la bella imagen que presenta el señor sol en el campo santo para abandonar a los antiguos pobladores de San Rafael de las Tortillas, municipio de Guerrero, Tamaulipas.

La tumba más antigua pertenece a una mujer que se llamó en vida Sara Rendón y falleció en 1889.





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