Inminente, AMLO, la transición ya empezó


La inconformidad ciudadana no puede resolverse conminando subrepticiamente o de plano casi ordenando que los empleados no voten por Andrés Manuel López Obrador


SDP | 06/06/2018

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CIUDAD DE MEXICO.- El objetivo de Enrique Peña Nieto, por todo lo ocurrido en estos meses, nunca fue que José Antonio Meade llegara a la Presidencia de la República, la meta fue que Ricardo Anaya Cortés no arribara a Los Pinos. Mantener a José Antonio como candidato reventó el voto útil del continuismo. Por los resultados de las recientes encuestas, donde AMLO supera los 50 puntos, el voto útil ya lo ganó Morena desde la derecha (Manuel Espino, Germán Martínez, el PES) y desde la izquierda (Paco Ignacio Taibo II). ¿Cuántos panistas y cuántos priistas se le sumarán?

La élite empresarial leyó mal a los electores y a sus trabajadores. La inconformidad ciudadana no puede resolverse conminando subrepticiamente o de plano casi ordenando que los empleados no voten por Andrés Manuel López Obrador. En México los contratos laborales ya no son contratos políticos. Y lo que debería de resurgir es el sindicalismo y trascender los “liderazgos” sindicales, pero esa es otra cosa de la que hay que escribir luego.

Peña Nieto, al perder su candidato, triunfó obstaculizando la victoria de Anaya. Ricardo no va ser presidente electo en julio (al paso, Anaya tiene que pensar en el 2024). La derrota de Meade se fincó cuando salió Enrique Ochoa del PRI. René Juárez llegó no para salvar a José Antonio sino para salvar al PRI, para salvar las reformas estructurales desde el Congreso y el Senado. Desde Los Pinos y desde el PRI ya dan por perdida la Presidencia y la mayoría de las gubernaturas. Ya no les queda sino salvar el Congreso y las más importantes alcaldías. La “formidable maquinaria” sólo les alcanzará para eso.

Desplegar dos veces su animadversión en contra de López Obrador no resultó. Los empresarios se inventaron una pasarela a destiempo para conversar con los candidatos a la Presidencia. En realidad quieren conversar con López Obrador, y ese es precisamente el inicio de la transición. La élite empresarial era el último resguardo del continuismo. Ya cedieron, su estrategia político-económica en contra de Andrés Manuel no les funcionó. Carlos Slim inició un debate, pero no lo concluyó. La élite empresarial quiso influir con dos desplegados y no funcionó.

Grandes empresas trataron de influir en sus trabajadores sobre los peligros del “populismo” y no resultó. Intelectuales como Enrique Krauze, Roger Bartra y Gabriel Zaid mostraron su postura, sus críticas, su alejamiento de AMLO, sólo se aislaron frente al cambio democrático.

La transición ya empezó. Entre la polarización, el divisionismo y la reconciliación hay que ver quién trae puños y quién mano extendida.

Algunos empresarios, sobre todo de los medios de comunicación, leyeron muy bien el cambio y sus cercanos están en el equipo de AMLO.

Otros apenas se alfabetizaron políticamente. Y sí, el poder político deja de estar sujeto al poder económico, al poder financiero, al poder ideológico. Inminente AMLO.




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