'No ha sido la despedida que yo soñaba': Iniesta


No ha sido la despedida que yo soñaba


Carvajal e Iniesta en el banquillo del Luzhniki.
EL PAÍS | 01/07/2018

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RUSIA.- El destino de los tres próceres máximos de la selección española conduce al banquillo. Con lo que eso supone en el código del fútbol, donde la suplencia repentina en un torneo lanzado equivale al castigo público, más aun cuando se trata de un jugador de jerarquía. Puskas, Pelé, Cruyff, Maradona, Ronaldo Nazario y Zidane, los gigantes que precedieron a la gran generación española en la historia del fútbol, gozaron de todos los minutos con sus selecciones en el campo de juego. Compitiendo. En su ley. Como merecía su contribución. Pero España fue y sigue siendo diferente. Primero descabezaron a Xavi, el estratega, el ideólogo, en el Mundial de 2014; después sentenciaron a Casillas, el capitán, en plena Eurocopa de 2016; y finalmente apuntaron a Iniesta. La imagen cabizbaja del héroe de Johannesburgo caminando por los pasillos del estadio Luzhniki, pálido y triste como un reo, al salir a calentar, se inscribirá en los anales de los días más penosos de La Roja.

"No hemos estado a la altura. No ha sido la mejor despedida, la que yo esperaba. El fútbol y la vida son así", concedió el manchego tras caer en los penaltis. "El entrenador toma las decisones y mira lo mejor para el equipo. Espero que en el futuro aprendamos de esta experiencia. Para mí, la selección se terminó".

Fernando Hierro, seleccionador accidental de España en Rusia tras la destitución de Julen Lopetegui a tres días del comienzo de la competición, arrancó su mandato estableciendo tres principios. Primero, que se hacía cargo de un proyecto cuyos “derechos de autor” correspondían al destituido Lopetegui, cuestión que le convertía a él en un mero gestor del detalle. Segundo, que la selección era “una familia” que jamás dejaría “tirados” a sus miembros, argumento que empleó de forma concluyente para defender al portero, David de Gea, después del asombroso error que concedió un gol ante Portugal. Tercero, que conservaría el estilo que permitió a la selección lograr dos Eurocopas y un Mundial entre 2008 y 2012, porque, señaló, “el estilo no se negocia”.

Hierro tardó tres partidos en rebatir sus tres principios. A la primera ocasión de cruce eliminatorio. No solo cambió por completo la estructura del equipo de Lopetegui sino que lo hizo señalando como culpable principal del mal juego de la selección en la fase de grupos a Andrés Iniesta, símbolo del estilo que permitió a España conquistar la Copa en 2010. Hierro recordó en eso a Vicente del Bosque, que sentó a Xavi y a Casillas en pleno torneo. En Brasil, tras la derrota contra Holanda (5-1) en la primera jornada, Del Bosque mandó al banquillo a Xavi Hernández no para enfrentar a Rusia (actual número 70 del ránking FIFA) sino a Chile, la futura campeona de América. Lo recordaron los veteranos en la concentración de Krasnodar, que observan desde hace días cómo en los entrenamientois se orgainza todo para acomodar a Diego Costa en el esquema táctico. Sus sospechas no fallaron.

Resultaron extrañas las palabras de Julián Calero, técnico de fútbol ayudante de Hierro y policía municipal de Madrid en la excedencia, cuando apareció ante las cámaras de Cuatro antes del partido para justificar las decisiones de su jefe. “Con esta alineación se conserva la identidad de España”, dijo Calero, como si la identidad del toque pudiera mantenerse con un ejercicio de voluntarismo, sustituyendo a los maestros por otros con un sentido menos fino para jugar a eso.

Sobre el papel de la ficha, los cambios fueron Iniesta por Asensio; Thiago por Koke; y Carvajal, el mejor lateral derecho que existe para este modelo de fútbol, por Nacho, un central reconvertido. En el campo las transformaciones resultaron más profundas todavía: Isco hizo el trabajo de Iniesta como organizador, Asensio ejerció de Silva; y Silva actuó como lo había hecho Iniesta. Una improvisación descomunal. El único que pareció seguro de su labor inamovible fue Costa, que, como contra Marruecos, estuvo desaparecido. No remató ni una sola vez.

En la noche triste de Maracaná el seleccionador Del Bosque prefirió eximirse del acto políticamente correcto de la rectificación sacando a jugar a un jugador dolido. En la segunda mitad dejó a Xavi sentado y dio entrada, curiosamente, a Koke por Alonso. Más leña al fuego. En Moscú, Hierro sí metió a Iniesta mediada la segunda parte. Cuando el agua llegaba al cuello de los españoles. Lo cambió por Silva, otro veterano que desde hace tiempo siente que también dejan de creer en él. Resultó irónico que el primer remate limpio de España en todo el partido fuera de Iniesta. Tiró desde fuera del área junto la base del palo derecho de Akinfeev, a los pocos minutos de entrar. Paró el portero.

Cumplido el tiempo reglamentario, Hierro se acercó a Iniesta para hacerle indicaciones tácticas. El manchego lo miró mientras bebía agua. Parecía estar bebiendo agua no de un botellín de plástico, sino de las mismas fuentes del Tajo en algún lugar remoto de la Sierra de Albarracín. Cuando concluyó el primer cuarto del tiempo adicional los ánimos estaban por el suelo. Hierro se acercó a la montonera a pegar voces y hacer gestos como pidiendo a los jugadores que movieran rápido la pelota. La vehemencia del técnico chocó con la desbandada a su alrededor. Se fueron todos a buscar botellines y olo Isco se quedó mirándole.

La tanda de penaltis, sentenció lo que ya estaba sentenciado en el corazón del equipo. Iniesta metió el primer penalti y abandonó el campo llorando de rabia bajo un repentino chaparrón. Rehuyendo a Hierro, todo lo discretamente que pudo, mientras el entrenador iba tras los futbolistas para abrazarlos.

Fue un día histórico, por negro, para el fútbol español. Fue el último partido de Andrés Iniesta con la camiseta nacional. También fue el primer partido oficial de un gran torneo al que asistió su majestad Felipe VI en condición de rey de España.




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