11/01/2017

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Juegos de Poder

Mal timing y aspirinitas


Leo Zuckermann

Es una buena idea la de un pacto social para enfrentar desafíos muy complejos de manera coordinada. Pero el Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar (AFEPEF), firmado el lunes en Los Pinos, tiene dos problemas: mal timing y escasas medidas concretas.

Vayamos a lo primero. Este nuevo pacto se anuncia a posteriori de que el gobierno liberara el precio de las gasolinas, lo cual significó un incremento abrupto, de un día para otro, de entre el 14 y el 20%. Esto acrecentó las presiones inflacionarias y, como era de esperarse, generó enojo social. La primera semana de enero atestiguamos protestas, bloqueos, manifestaciones, rapiña y saqueos. No se había visto algo así en muchos lustros en este país. Ante la presión social, el gobierno reaccionó tarde y de manera improvisada.

Los pactos entre los distintos niveles de gobierno y la sociedad sirven para coordinar acciones. El Pacto de Solidaridad Económica de 1987 tuvo éxito en bajar la inflación porque, con el liderazgo del gobierno, los distintos sectores de la sociedad se negociaron medidas concretas para acabar con el problema de las expectativas inflacionarias. En ese momento el problema era que el gobierno subía un precio (digamos que la electricidad en un X porcentaje) y los empresarios hacían lo propio pero, para protegerse, aumentaban sus precios en X+1. Este ciclo alimentaba más y más la inflación.

Era como si en un estadio se levantaran de su asiento los de las filas de adelante. Los de atrás tenían, a su vez, que alzarse, y así sucesivamente el estadio completo acababa viendo el partido de pie: todos peor que antes. El reto en una situación así es coordinar para que todos se sienten al mismo tiempo y estar mejor. En el caso de México en 1987, el desafío era “sentar” las expectativas inflacionarias de los distintos sectores económicos. El gobierno promovió un pacto donde se comprometía a aumentos definidos de precios de insumos importantes a cambio que los trabajadores aceptaran cierto incremento en sus salarios y los empresarios un tope máximo de aumento de precios. Funcionó porque los distintos incrementos se negociaron a priori, todos se comprometieron y cumplieron gracias a un sistema de evaluación de resultados.

En el pacto versión 2017 resulta que el gobierno liberaliza la gasolina, sube su precio y luego llama a los sectores a negociar un acuerdo. He ahí el problema del timing. Otra cosa hubiera sido si la negociación se hubiese hecho antes del evento, explicando bien el problema, logrando el consenso de los sectores económicos y coordinando acciones para evitar el desboque de las expectativas inflacionarias.

En una conversación que tuve con colegas la semana posterior a la elección de Trump en Estados Unidos, dije que el presidente Peña debía ejercer su liderazgo sentando en una mesa de negociación a toda la clase política (líderes del Congreso, partidos, gobernadores, etcétera) y sectores económicos (dirigentes obreros, campesinos y empresariales). Con toda claridad debía reconocer los dos enormes retos actuales de este país en materia económica: la fragilidad de las finanzas públicas y la elección de un Presidente estadounidense con posturas de proteccionismo comercial. “Señores, hagamos un pacto para enfrentar estos monumentales desafíos. El gobierno federal va a poner esto. ¿Ustedes qué van a poner? Negociemos, lleguemos a un acuerdo y hagamos un frente común para resolver ambos problemas”.

Lo cual me lleva al segundo problema del AFEPEF: su contenido. Se trata, en su mayoría, de un refrito de medidas anunciadas como el compromiso gubernamental de generar un superávit financiero primario este año. Otras acciones suenan bien como renovar la depreciación acelerada para las empresas pequeñas y medianas, la reducción de 10% en la partida de sueldos y salarios de mandos superiores o la disminución de 10% del gasto en combustibles, telefonía celular y viáticos de estos funcionarios. Me parece, sin embargo, aspirinitas que no van a resolver ni la crisis de finanzas públicas ni la amenaza de proteccionismo comercial estadounidense.

El AFEPEF llega tarde y sin mucho contenido. No por nada la gran noticia de este pacto fue que una de las organizaciones más relevantes del país, la que agrupa fundamentalmente a pequeños y medianos empresarios, se haya negado a firmarlo. La Coparmex ha dicho que el AFEPEF es un pacto “improvisado, incompleto e insuficiente”. Sí quieren un acuerdo, pero de sustancia. Han rechazado uno que sólo “sirva como estrategia de comunicación o imagen pública”. Y tienen toda la razón.

Twitter: @leozuckermann




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